LA AMENAZA DEL HOMBRE BLANCO

¡Tremenda amenaza!…

La de los zapatos mal elegidos y la de los uniformes espeluznantes

¿Os acordáis de Pepiño y las gasolineras?…

Bueno, pues también se apellida Blanco, Alejandro Blanco (presidente del COE) el artífice indirecto de los horrororororssisimosss uniformes Olímpicos de España, de los que al parecer se avergüenzan hasta los atletas…

Porque es muy triste verles convertidos en un autentico CROMO con esos colores de BANDERA que desde “Rusia sin amor” les han diseñado…

Claro que al parecer la empresa “diseñadora” lo ha hecho gratis…

Creo que eso no es suficiente, que ¡tendría que pagar y mucho de indemnización por destruir la imagen de quienes los llevan, pobres!

Bueno, de horrores esta el mundo lleno…

¡Y cuantos podrían evitarse de no cometer errores con el calzado!, por más que la moda trate de imponer su tiranía!.

Es uno de esos casos en los que la infidelidad resulta más que recomendable.

No se trata de erradicar los altos tacones en ocasiones señaladas, en las que se impone un toque glamuroso, sino de elegir los zapatos más convenientes, cuyas características básicas son:

– Horma recta y ancha.

-Suela flexible, a fin de favorecer igualmente la flexión de las articulaciones.

-Contrafuertes para sujetar el talón y controlar el hueso que se ubica en esta parte posterior.

-Punta amplia (los especialistas la denominan “en pico de pato”), para que los dedos tengan facilidad de movimiento.

-Material transpirable.

-Tacón ancho de 4 a 5 cm. Se desaconsejan los zapatos planos porque originan problemas en los gemelos, debidos al incorrecto apoyo plantar al que obligan.

-Numero bien elegido. Es muy frecuente no considerar que una persona que calce el 37 por ejemplo, puede necesitar por su ancho, o por su empeine un 37 y medio.

-Peso liviano y nunca excesivo de las suelas, tacon, o del conjunto.

Concluyendo:

Jamás se ha de sentir el pie apretado, encogido, ni asfixiado, máxime cuando se camina mucho, o se pasan largas horas sin tomar asiento.

En el calzado no hay que ahorrar, y si unos zapatos hacen daño, inmediatamente se desechan, sin acudir al subterfugio de enviarlos a la horma o cosas semejantes, que no solucionan nada.

Hay que pensar, que una callosidad es la señal de alarma de un mal apoyo, y una rozadura la puerta abierta a otros trastornos mas graves.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *