DEBAJO DE ESAS DOS CEJAS

¡Qué bonitos ojos tienes!, dice la “ranchera”.

Las cejas han estado muy sujetas a las modas, a veces incluso, torturadas por una depilación implacable y dictatorial, cuyos resultados, después de ese fugaz momento, han permanecido.

De 1925 a 1930, lo elegantísimo era eliminarlas por completo, incluso afeitarlas y sustituirlas por un trazo continuo de lápiz.

Actualmente sin embargo, la mayor valoración se encamina a tenerlas pobladas y lucirlas tal cual.

Su arco se considera como un elemento de capital importancia dentro de la anatomía facial.

Las anchas y fuertes responden a un temperamento vital.

Las puntiagudas son alegres.

Las estrechas, melancólicas.

Por tanto, cambiarlas, implica una transformación en la expresión, muy a tener en cuenta.

Se denominan cejas perfectas, aquellas en las que los pelos, lisos, brillantes y de color definido, se distribuyen uniformemente y de manera regular.

Su forma es parecida a una coma, es decir, dibujan una suave línea que parte desde el punto de encuentro de la nariz con la base de la frente, hasta un poco más allá del rabillo del ojo.

Y todos queremos tenerlas así …

¿Cómo lograrlo?

Los elementos imprescindibles para su cuidado son un lápiz y un cepillito pequeño de cerdas duras.

El color de la mina ha de ser negro o marrón, dependiendo del tono del cabello.

Se utiliza sombreándolas y rellenándolas, mediante trazos muy finos y ascendentes, que imiten perfectamente a sus pelitos.

Actualmente hay mascaras de cejas y también delineadores casi permanentes, que se aplican del mismo modo que el lápiz tradicional.

Finaliza su arreglo cepillándolas, siempre hacia arriba.

En el caso de cejas rebeldes, esas en las que algún vello sigue su camino sin hacer caso del resto, se puede aplicar una gota de fijador o de laca, aunque nunca directamente, sino con un dedo o el mismo cepillito.

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